La Mancha

          Inmortalizada por Don Quijote, La Mancha es una tierra luminosa, en la que destacan con fuerza sus pueblos, molinos y castillos. Tampoco faltan bellísimas ciudades monumentales, como Toledo o Cuenca o reservas naturales como las Tablas de Daimiel y Cabañeros. El paisaje de la llanura manchega se vuelve espléndido en otoño cuando el azafrán cubre los campos de Consuegra y Albacete, y monumental en las formaciones rocosas de Cuenca.

          La Mancha fue durante siglos tierra de frontera entre los reinos musulmanes y cristianos, y quedó llena de fortalezas y castillos impresionantes como Sigüenza, Belmonte, Alarcón o Molina de Aragón. El rico patrimonio artístico y arquitectónico de Toledo, capital de la España visigótica y del imperio de Carlos V, es fruto de la convivencia entre las culturas judía, musulmana y cristiana. Cuenca posee un encanto especial, y otros lugares como Almagro, Alcaraz o Chichilla guardan el espíritu de los siglos XVI y XVII.

Breve Historia de Castilla-La Mancha.

          El área comprendida entre las sierras de Guadarrama y Gredos y Sierra Morena ha formado a lo largo de la historia una unidad coherente definida por ciertas características comunes en la ocupación de la tierra y el estilo de vida. Sin embargo, uno de los rasgos que definen a Castilla ha sido su status histórico como tierra de tránsito. En la época pre-romana, cuando estaba habitada por los carpetos y los vetones, era principalmente una tierra de pasto; la ocupación romana hizo surgir granjas a gran escala. Estos latifundios romanos pasaron, sin rupturas evidentes, a las grandes familias visigodas, y más tarde a los musulmanes; no fue hasta la Reconquista que este sistema se rompió en favor de la agricultura.

          Sin embargo, si existe un enclave que ha conseguido renombre histórico durante siglos en esta tierra, este debe ser sin duda Toledo. Muy romanizada al principio, se convirtió en la capital visigoda y uno de los símbolos de la historia de España, con amplias influencias, hasta que fue recuperada por los cristianos en el año 1085.

El Proceso Autonómico de Castilla-La Mancha.

         La región adquirió el status de pre-autonomía el 15 de noviembre de 1978 y, tras su ratificación en las Cortes, su Estatuto de Autonomía se puso en vigor el 16 de agosto de 1982. Castilla-La Mancha fue establecida como Comunidad Autónoma por la ley orgánica 9/1982 del 10 de agosto (B.O.E. 16-8-82).